La fuente de cobre; Interior de cocina
Una joven está de pie a la izquierda de una cocina con suelo de piedra, con una mano en la cadera y la otra apoyada en una alta tinaja de cobre para el agua. Mira el fino chorro que cae de la espita a una palangana oscura. Fíjate bien en la tapa abovedada y en el pequeño paño blanco que cuelga de un gancho en la pared gris, detrás de ella: son objetos cotidianos y discretos que hacen de esta una cocina de trabajo, no una estancia de exhibición.
El cobre de la tinaja está pintado con tonos marrones y cobrizos suaves y fundidos, de modo que el metal parece retener la tenue luz de la habitación en vez de reflejarla con nitidez.
La obra «La fuente de cobre; Interior de cocina» es un óleo sobre lienzo de 74 por 61 centímetros y se conserva en el Museo de Orsay con el número de inventario RF 462. François Bonvin fue un realista autodidacta que había trabajado para la policía de París antes de dedicarse por completo a la pintura. Se hizo conocido por representar la vida cotidiana de la gente humilde con una luminosidad delicada y serena.
François Bonvin fue un pintor realista francés, nacido en París en 1817 en el seno de una familia pobre. Su padre era policía y su madre, costurera. La temprana muerte de ella por tuberculosis lo dejó al cuidado de una persona negligente. Más tarde, su madrastra lo maltrató y lo alimentó mal, y las penurias del hogar marcaron sus primeros años. A pesar de todo, un amigo de la familia advirtió su talento para el dibujo y pagó para que asistiera a una escuela de dibujo cuando tenía once años. Después de eso, Bonvin fue en gran medida autodidacta: aprendió todo lo que pudo de los maestros antiguos neerlandeses y flamencos que estudiaba en el Louvre, y consideraba al pintor François Granet su único mentor.
Para mantenerse, trabajó como cajista en una imprenta y, más tarde, en la jefatura de policía de París, donde permaneció hasta 1850. Se casó joven y contrajo una enfermedad que lo aquejó el resto de su vida. La pintura siguió siendo su pasión, y sus escenas realistas de los pobres, inspiradas en su propia experiencia, le valieron reconocimiento en los Salones de 1849 y 1850, donde compartió protagonismo con Courbet como uno de los principales realistas. Sin embargo, sus obras de formato modesto eran menos provocadoras que las de Courbet y fueron bien recibidas por la crítica y el público. Sus temas —bodegones y actividades cotidianas de la gente común— evocan a Pieter de Hooch y Chardin, sobre todo por su luminosidad serena y delicada. En 1870 fue nombrado caballero de la Legión de Honor.
La vida de Bonvin estuvo marcada por las penurias y las pérdidas. Su hermano Léon, también artista, se quitó la vida en 1866, desesperado por la pobreza y la falta de ventas. Bonvin participó en la federación de artistas que apoyó la Comuna de París en 1871, lo que lo llevó a exiliarse por un tiempo en Londres. Más tarde, una operación en 1881 no logró devolverle la salud y quedó ciego. Sus amigos organizaron una exposición retrospectiva en 1886 y una venta benéfica en 1887 para ayudarlo. Murió en Saint-Germain-en-Laye en diciembre de 1887.
Bonvin es recordado como uno de los mejores pintores de escenas de género y bodegones del siglo XIX. Sus representaciones sinceras de la vida humilde, que en un principio solo recibieron un reconocimiento modesto, empezaron a ganar aceptación a partir de finales de la década de 1860. Fue una figura discreta, pero importante, del realismo francés, que tendió un puente entre la tradición neerlandesa y la pintura moderna de su época.
Este cuadro se realizó en 1861 y se expuso en el Salón de Artistas Franceses de París en 1863, con el número 212 del catálogo. Se conocen sus propietarios anteriores: se vendió en la subasta de Bressant, en París, el 25 de noviembre de 1880, y más tarde pasó por las manos del marchante Brame. Hoy pertenece al Museo de Orsay, con el número de inventario RF 462.
Todo lo que aparece en el cuadro está pintado en una gama reducida de marrones, cobres y grises, de modo que la habitación parece oscura y angosta. La urna de cobre, con su tapa abovedada y su remate, es lo más luminoso y cálido que se ve, y el delantal azul verdoso y la falda roja de la figura son los únicos colores vivos sobre ese fondo sobrio. La segunda mujer, en el umbral de la puerta a la derecha, es pálida y pequeña, y queda muy al fondo, así que la mirada va desde la figura más cercana, atraviesa la puerta abierta y llega hasta el hogar en plena actividad que se extiende más allá. La pincelada es lisa y está finamente difuminada, sin trazos visibles que distraigan la atención de las superficies.
En el suelo, en primer plano, entre los restos de verduras esparcidos, hay un cuchillo; en la parte inferior izquierda del lienzo se ve una pequeña inscripción manuscrita, aunque en la fotografía es demasiado pequeña para leerse.
Apareció en la subasta de Bressant, en París, en noviembre de 1880, y más tarde pasó por las manos del marchante Brame antes de llegar a su colección actual.
Tras una operación en 1881 que no logró devolverle la salud, perdió la vista.
