La fábrica de sillas en Alforville
🎧 Esta obra tiene audioguía: escúchala en la appAlforville, en las afueras de París, es el lugar al que nos lleva este cuadro, y el letrero de la pared blanca te dice exactamente qué ocurre dentro: «Fabrique de chaises», una fábrica de sillas, que funciona bajo el nombre de «Chesnoy et Cía.». Henri Rousseau la pinta con colores planos y uniformes, como podría hacerlo un pintor de letreros, y las letras forman parte del cuadro tanto como el camino que se curva hacia ti.
Mira el edificio de la derecha. Esto es lo que te ofrece el cuadro: un barrio obrero junto al Sena, donde la fábrica es un elemento corriente entre los árboles, las chimeneas y la tranquila ribera. Henri Rousseau no hizo que la fábrica pareciera grandiosa ni que los trabajadores fueran heroicos. Los representó con el mismo cuidado que dedicó a la hierba y las nubes, y eso contribuye a que la escena resulte tan inusual para su época.
Henri Rousseau era funcionario de aduanas, empleado del octroi de París, la oficina municipal que cobraba impuestos sobre las mercancías que entraban en la capital. Ese trabajo le valió el apodo de «Le Douanier», y ese fue el nombre con el que se quedó. Aprendió a pintar por su cuenta y empezó a hacerlo a los cuarenta y tantos, tras años de trabajo en oficinas y en el ejército.
Este lienzo, fechado en 1897, pertenece a los mismos años en que los críticos aún lo miraban con recelo y consideraban su obra el torpe empeño de un pintor aficionado de domingo.
Henri Rousseau, nacido el 21 de mayo de 1844 en Laval, Francia, fue un pintor autodidacta que se convirtió en una figura clave en el movimiento de arte Naïve. Conocido como "Le Douanier" debido a su trabajo como funcionario de aduanas, comenzó a pintar en serio en sus cuarenta años después de una vida modesta marcada por dificultades tempranas y responsabilidades familiares. A pesar de enfrentar el ridículo de los críticos durante su vida, el estilo único de Rousseau, caracterizado por colores vivos y escenas de jungla oníricas, atrajo a un público devoto.
Sus obras, inspiradas en visitas al Museo de Historia Natural y a jardines botánicos en París, a menudo representaban paisajes fantásticos, a pesar de que nunca había viajado fuera de Francia. Exhibió regularmente en el Salon des indépendants, donde su pintura "¡Sorprendido!" recibió elogios de otros artistas, incluido Félix Vallotton. Al final de su vida, Rousseau fue celebrado por figuras de vanguardia como Pablo Picasso, quien reconoció su genio y lo honró con un banquete en 1908.
La influencia de Rousseau en el arte moderno es profunda, impactando a generaciones de artistas, incluidos los surrealistas y los fauvistas. Su legado perdura como un testimonio del poder de la imaginación y la belleza de la simplicidad en el arte. Falleció el 2 de septiembre de 1910 en París, dejando un cuerpo de trabajo que continúa inspirando y cautivando al público en todo el mundo.
Esta obra cuenta con un historial documental claro. Está fechada en 1897, y los registros indican que pasó a manos de Guillaume Paul, quien la poseía en 1931. Después pasó por las manos de la señora viuda de Jean Walter. Se expuso en una larga serie de muestras: primero, en la galería Marie Harriman de Nueva York, en 1931; luego, en la Kunsthalle de Basilea, en 1933; en la exposición de la Gazette des beaux-arts de París, en 1935; en la galería Paul Rosenberg de París, en 1937; ese mismo año, en el Kunsthaus de Zúrich; en la galería Charpentier, en 1950; y de nuevo en la galería Charpentier, en 1961. La pintura mide aproximadamente 73 por 92 centímetros.
La vida laboral de Rousseau coincidió con la época en que pintó este cuadro. El texto indica que en 1871 fue nombrado recaudador del octroi de París, la oficina municipal que cobraba impuestos por las mercancías que entraban en la capital, y que se jubiló en 1893 para dedicarse a la pintura a tiempo completo.
