La tentación de San Antonio (Cézanne, París)
🎧 Esta obra tiene audioguía: escúchala en la appAnte ti, una mujer desnuda se alza en medio de una espesura verde y azul, con un brazo levantado y una tela clara sostenida sobre la cabeza. Tiene el rostro vuelto hacia otro lado, el largo cabello castaño le cae por la espalda y parece estar haciendo algo que exige toda su atención. Mira la figura agazapada a su izquierda, encorvada bajo una túnica marrón y una capa roja y azul, con el rostro barbudo medio perdido en la sombra. Luego fíjate en los pequeños niños desnudos del borde derecho, que se retuercen y se inclinan; uno de ellos se acerca al suelo rocoso del primer plano.
Esos cuerpos encorvados y retorcidos son los que hacen que la escena resulte inquietante, en vez de serena. La pincelada es corta, espesa y marcada, y los contornos oscuros y pesados mantienen las figuras en su sitio, de modo que el brazo alzado de la mujer y la sombra encorvada a su lado parecen formar un intercambio tenso, más que una pose tranquila. Paul Cézanne podría haber suavizado todo esto, pero deja los bordes ásperos y las formas a medio terminar, y así la tentación que promete el título se percibe más como una sensación que como algo que se pueda nombrar.
Paul Cézanne fue un pintor francés postimpresionista fundamental, nacido el 19 de enero de 1839 en Aix-en-Provence. Provenía de una familia adinerada, lo que le permitió la libertad de dedicarse al arte a pesar de las expectativas de su padre de que se uniera al negocio bancario familiar. Sus primeras influencias incluyeron el Romanticismo y el Realismo, pero finalmente forjó un estilo único que enfatizaba la estructura y la forma, sirviendo de puente entre el Impresionismo y el incipiente Cubismo.
El trabajo de Cézanne se caracterizaba por pinceladas repetitivas y un uso distintivo de planos de color, reflejando su profunda conexión con sus temas. Inicialmente recibido con escepticismo y burla, encontró apoyo de otros artistas y algunos coleccionistas perspicaces, lo que llevó a su primera exposición individual en 1895. Su enfoque innovador sentó las bases para el arte moderno, ganándose el título de "el padre de todos nosotros" de maestros posteriores como Picasso y Matisse.
A pesar de una relación tumultuosa con su familia y críticos, la incansable búsqueda de la verdad artística de Cézanne y la renovación de métodos tradicionales consolidaron su lugar en la historia del arte como una figura transformadora cuya legado continúa inspirando. Falleció el 22 de octubre de 1906, dejando un cuerpo de trabajo que influyó profundamente en la trayectoria del arte moderno.
Durante un tiempo perteneció al coleccionista Arsène Alexandre y, en mayo de 1903, se vendió en la Galerie Georges Petit de París, como lote número ocho de aquella subasta. Después pasó a formar parte de la colección de Eugène Blot, luego de Auguste Pellerin y, más tarde, de su hijo Jean-Victor Pellerin. En 1982, el Estado la aceptó en pago de los impuestos de sucesión adeudados a los museos nacionales y la asignó al Museo de Orsay, donde lleva el número de inventario RF 1982 46. Desde entonces se ha prestado con frecuencia y ha participado en una retrospectiva de la obra de Paul Cézanne celebrada en París en 1907, en una exposición sobre Paul Cézanne en París en 1936 y en una larga serie de exposiciones internacionales durante las décadas de 1990 y 2000, entre ellas las de Tokio, Hiroshima y Kioto en 2008.
La mujer está en el centro, con la cabeza vuelta hacia otro lado, y el paño pálido que sostiene en alto es una de las pocas notas claras y frías entre todo ese follaje. A su izquierda, la figura encorvada y oscura casi desaparece bajo su túnica marrón y su manto rojo y azul; detrás de ella, el torso más pálido y la forma rojiza apenas se distinguen: son más una insinuación que un cuerpo. A la derecha, los pequeños niños desnudos se retuercen y se agachan en un grupo disperso, mientras que abajo, sobre el suelo pedregoso, hay un recipiente oscuro y redondo y un librito abierto, como objetos que alguien hubiera dejado al interrumpir la lectura. El cielo es de un azul intenso, con pequeñas nubes blancas, comprimido en lo alto sobre la espesura. La pintura está aplicada en pinceladas cortas, densas y direccionales, y las figuras quedan enmarcadas por contornos oscuros que les dan un aspecto rígido, casi esculpido.
La procedencia de la pintura incluye una venta en 1903 a través de la Galerie Georges Petit de París, celebrada como una subasta con nombre propio en la que la obra figuraba con el número ocho.
Pasó por las manos de varios coleccionistas privados, empezando por Arsène Alexandre, seguido de Eugène Blot, Auguste Pellerin y su hijo Jean-Victor Pellerin, antes de que el Estado la aceptara en 1982 como pago de los impuestos de sucesión.
El Estado la aceptó como pago en especie de los impuestos de sucesión adeudados a los museos nacionales, en lugar de comprarla directamente.
En 2008, se prestó para la exposición «París y los parisinos (1830-1930)» en Tokio, Hiroshima y Kioto, Japón, y también se presentó en muestras en Copenhague, Budapest, Varsovia, Bucarest y Basilea.
