París › Museo de Orsay

El Príncipe Imperial y Nero el perro Imagen: Phyrexian · Mary Harrsch · Sailko · Phyrexian

El Príncipe Imperial y Nero el perro

El niño de este mármol es Luis Napoleón, único hijo de Napoleón III y de la emperatriz Eugenia, y el perro que está a su lado es Nero. Fíjate en la mano apoyada en el cuello del sabueso: el brazo del niño rodea al animal con un gesto natural, sin posar, y el perro lo mira con una de sus largas orejas caída. El niño se apoya sobre una pierna, con la cabeza ligeramente vuelta hacia otro lado, y ese pequeño cambio de postura hace que parezca captado en un instante, en vez de inmovilizado para un retrato formal.

La ropa cuenta buena parte de la historia. La chaqueta abotonada, el chaleco y la pajarita anudada con soltura están tallados con esmero, igual que los pantalones fruncidos hasta la rodilla y los zapatos planos con sus pequeños lazos decorativos. La tela tiene pliegues allí donde se arrugaría la ropa de un niño de verdad, y el pelo está cortado en ondas cortas y suaves. Es difícil hacer que el mármol pálido parezca piel viva, pero Jean-Baptiste Carpeaux ha conseguido que la superficie se vea lisa y cálida, con tenues vetas que la recorren.

Jean-Baptiste Carpeaux era un escultor que se había hecho un nombre al romper con las rígidas convenciones académicas, y admiraba de verdad al emperador. En 1864 dio clases de dibujo y modelado al joven príncipe, y esa cercanía le brindó la oportunidad de hacer el retrato. El propio escultor dijo que la estatua sería un magnífico emblema de los tiempos modernos y la describió como un peldaño en la escalera de su propia fama. Poco después se hicieron copias de menor tamaño, y la casa imperial volvió a comprar los derechos sobre ellas en 1869. En 1868 también realizó una versión en bronce plateado, sin el perro, destinada al Ayuntamiento de París, que fue destruida en el incendio de 1871.

Jean-Baptiste Carpeaux fue un destacado escultor y pintor francés nacido el 11 de mayo de 1827 en Valenciennes. Proveniente de un entorno modesto, persiguió el arte en contra de los deseos de su padre, estudiando bajo la tutela de François Rude en la École des Beaux-Arts. Su trayectoria lo llevó a Roma tras ganar el Prix de Rome en 1854, donde se sumergió en las obras de Miguel Ángel y Donatello, desarrollando un estilo caracterizado por el movimiento y la espontaneidad, alejándose de las tradiciones clásicas.

Las primeras obras de Carpeaux, incluyendo el Pescador napolitano, ganaron popularidad, lo que llevó a recibir encargos de Napoleón III. Sus piezas notables, como Ugolino y sus hijos y La danza para la Ópera Garnier, mostraron su capacidad para mezclar el realismo con formas dinámicas, aunque a veces enfrentaron críticas por su audacia. Fue una figura clave en el panorama artístico del Segundo Imperio, y su enfoque innovador de la escultura incluyó la producción de réplicas accesibles de sus obras.

A lo largo de su vida, Carpeaux mantuvo una profunda conexión con las calles y la vida que lo rodeaba, a menudo inspirándose en temas cotidianos. Falleció el 12 de octubre de 1875, dejando un legado que influyó en futuras generaciones de artistas, incluyendo a sus estudiantes Jules Dalou y Jean-Louis Forain. Sus obras siguen siendo celebradas en importantes museos de todo el mundo, consolidando su lugar en la historia del arte como un maestro de la escultura del siglo XIX.

La obra está fechada en 1865 y el catálogo registra su título como «El Príncipe Imperial (1856-1879) y su perro Nero». Se incluyó en la Exposición Universal de París de 1867, con el número 23 del catálogo. Su procedencia se remonta a la emperatriz Eugenia; en la venta de sus bienes celebrada en Farnborough el 18 de julio de 1927, figuró con el número 1317 del catálogo. Después pasó a Fabius y, más tarde, a la señora Raba Deutsch de la Meurthe. Volvió a exponerse en la muestra «Recuerdos de la familia imperial», celebrada en el castillo de Malmaison en 1927, con el número 73.

El catálogo registra un nombre que es fácil pasar por alto: la escultura se atribuye tanto al practicante Bernaerts como a Carpeaux, un recordatorio de que muchos mármoles de esta época fueron ejecutados por hábiles tallistas a partir de los modelos del escultor.

Sí, Carpeaux describió la estatua como un peldaño en la escalera de su propia fama y la calificó de magnífico emblema de los tiempos modernos.

En 1868 se realizó una versión de bronce plateado, sin el perro, para el Hôtel de Ville de París, pero fue destruida en el incendio de 1871.

En el museo, ante cualquier obra: hazle una foto y escucha su historia.

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