Imagen: Sailko
Cristo en el Monte de los Olivos
Tres figuras dormidas se extienden por el primer plano de este panel arqueado de terracota, con la cabeza apoyada en las manos, mientras un hombrecillo arrodillado, vestido con una túnica azul, reza solo en una elevación verde por encima de ellas. Ese contraste entre el sueño abajo y la oración arriba es el corazón de la escena. Mira al ángel de la derecha, que flota sobre unas nubes y ofrece un cáliz amarillo, y verás el momento en que la historia da un giro: el único que está despierto no comparte la vigilia, sino que se enfrenta a lo que está por venir.
Lo que estás viendo es terracota vidriada, un material que hizo famosa al taller de los Della Robbia: arcilla modelada en relieve y luego coloreada con un vidriado brillante que da un lustre duradero al cielo azul, las colinas verdes y el sol amarillo con sus rayos. La guirnalda que enmarca el arco, con sus limones, uvas y piñas, está dispuesta sobre un fondo azul y termina en jarrones blancos, con un querubín alado en la parte superior. La superficie aún muestra grietas y antiguas uniones reparadas, señales de que el panel ha sobrevivido a siglos de manipulación y traslados.
La historia de Luca gira en torno a una rivalidad por los secretos del vidriado del taller. En 1529 se marchó de Italia a Francia para reunirse con su hermano menor, Girolamo, que trabajaba para Francisco I desde 1517. En parte, se fue para escapar de una peste que en 1527 había matado a su primera esposa, Agnoletta Falconieri, y se llevó consigo a su segunda esposa, Bartolomea Altoviti. La disputa con Santi Buglioni, cuyo tío se había formado con Andrea, dejó a la familia Buglioni como la única depositaria de las técnicas del taller en Italia.
Luca della Robbia el Joven (c. 1475 – c. 1548) fue uno de los hijos de Andrea della Robbia y, por tanto, pertenecía a la familia italiana de artistas cuyo taller, cerca de Florencia, se hizo famoso durante el Renacimiento por sus relieves de terracota vidriada de vivos colores. Junto con sus hermanos Giovanni, fray Mattia, Girolamo y fray Ambrogio, trabajó en la empresa familiar, que producía relieves devocionales admirados por sus figuras claras y sencillas. Se dice que sus propias composiciones se caracterizan por sus formas diáfanas y un estilo sobrio y directo.
Su vida estuvo marcada por las turbulencias. Tras la muerte de su primera esposa, Agnoletta Falconieri, durante la peste de 1527, se casó con Bartolomea Altoviti y, en 1529, abandonó Italia rumbo a Francia para evitar nuevos contagios. Allí se reunió con su hermano menor, Girolamo, al servicio de Francisco I desde 1517, y con su hermano Giovanni, que ya estaba en Francia. La partida también puso fin a la producción del taller familiar, tras una disputa con Santi Buglioni por las técnicas secretas de la terracota vidriada. Según Vasari, una mujer que frecuentaba la casa de los Della Robbia había obtenido esas técnicas, y después los Buglioni se convirtieron en los únicos que las dominaban en Italia, lo que los convirtió en rivales.
El lugar de Luca en la historia del arte se debe a su pertenencia a una célebre dinastía y a obras como la Natividad del convento dominico de Santa Maria Maddalena, en Caldine, Florencia; Cristo en el monte de los Olivos, en Roma; y Cristo consuela a un mendigo, en el Louvre. Su trayectoria muestra hasta qué punto la suerte de los talleres renacentistas dependía de los vínculos familiares, los secretos comerciales y las perturbaciones causadas por la guerra y las enfermedades.
Según el material, el taller dejó de producir tras una disputa con Santi Buglioni, que tuvo lugar después de que Luca se trasladara a Francia en 1529.
