San Sebastián
Aquí, un joven desnudo se sienta en el suelo, inclinado hacia delante y con la cabeza gacha; las flechas que yacen bajo él te dicen exactamente qué le ha ocurrido. Fíjate en la tela pálida que le cae de las caderas y se extiende por el suelo, en los contornos suaves, casi difuminados, de su brazo y en la figura encapuchada de la izquierda, que alarga la mano hacia su pierna como si estuviera curándole una herida. Esos detalles hacen que esta sea una escena de cuidado, no de violencia: el pintor ha situado el cuerpo del mártir en un momento de atención, no en el instante en que lo asaetean. El tratamiento suave de la piel y el lino, y la manera en que las figuras se funden con un fondo casi negro, convierten el sombrío tema en algo más sereno e íntimo.
La pintura muestra a san Sebastián, el mártir cristiano atravesado por flechas, mientras unas mujeres romanas lo atienden después de que estas lo hirieran. La fuente identifica a las mujeres como damas romanas y relaciona la escena con la figura de santa Irene de Roma, de quien consta que cuidó de él. Jean-Jacques Henner la pintó en 1888 y ese mismo año se expuso en el Salón de los Artistas Franceses, donde la adquirió el Estado francés. Después se incluyó en la Exposición Universal de 1889, en París. Nacido en Alsacia en 1829, Jean-Jacques Henner era conocido por sus desnudos pálidos, su sfumato y su claroscuro, así como por sus temas religiosos; esta obra pertenece a esa vertiente devocional de su producción.
Jean-Jacques Henner fue alumno de Picot y ganó el Premio de Roma en 1858, lo que le permitió trasladarse a la Villa Médici. Su carrera posterior se cimentó en gran medida en el éxito en el Salón, las adquisiciones del Estado y los encargos de retratos. La escena que ves aquí, con el suelo cuidadosamente sumido en la sombra y el tierno cuidado de un cuerpo herido, fue realizada en el último cuarto de siglo de su carrera. La adquisición estatal en el Salón de 1888 fue el momento en que pasó a formar parte de las colecciones públicas, y desde entonces la pintura ha permanecido en manos de los museos públicos franceses.
Jean-Jacques Henner fue un destacado pintor francés nacido el 5 de marzo de 1829 en Bernwiller, Alsacia. Estudió bajo la tutela de artistas notables y ganó el Prix de Rome en 1858, lo que le permitió perfeccionar su técnica en Italia. Conocido por su maestría en el sfumato y el claroscuro, Henner se convirtió en un artista célebre por sus representaciones de desnudos, temas religiosos y retratos, particularmente por su icónica pintura de Santa Fabiola. Sus obras a menudo presentaban mujeres de piel pálida con cabello rojo ondulante, encarnando una calidad soñadora y etérea.
La carrera de Henner floreció tras su regreso a París, donde ganó reconocimiento en el Salón, especialmente con su obra patriótica, "L'Alsace, elle attend," creada en respuesta a la Guerra Franco-Prusiana. Fue miembro de la Académie des beaux-arts y recibió numerosos galardones, incluida la Legión de Honor. A pesar de su éxito, se mantuvo algo distanciado de los movimientos artísticos contemporáneos. Henner falleció el 23 de julio de 1905, dejando un legado que continúa influyendo en los artistas de hoy, como se puede ver en la extensa colección de copias de sus obras, particularmente "Fabiola."
Fíjate en la luz que cae sobre el cuerpo: la carne del hombre y la tela pálida que le rodea las caderas son las zonas más luminosas del cuadro, mientras que el fondo se hunde en una oscuridad casi total. La figura de la parte inferior derecha está de espaldas, con la cabeza inclinada hacia la izquierda; tiene un brazo extendido tras de sí, con la mano apoyada en el suelo, y el otro aparece suavemente difuminado. Sus largas piernas cruzan en diagonal el primer plano; los pies desnudos quedan abajo a la izquierda, y la tela cae sobre la tierra parda que hay debajo, donde yacen unos astiles oscuros y rectos. Arriba, a la izquierda, una figura encapuchada con ropas oscuras se inclina hacia él; su rostro apenas recibe luz. Una segunda silueta encapuchada flota en la parte superior central, casi devorada por las sombras. Son detalles pequeños, como esa tenue mancha gris en el borde izquierdo, que rompe la oscuridad lo justo para atraer la mirada y evita que la escena se hunda en la penumbra absoluta. La obra está pintada al óleo sobre lienzo, y la materia pictórica representa la carne y la tela con pinceladas lisas y de contornos suaves.
El Estado francés compró la pintura en el Salón de 1888, y así pasó a formar parte de las colecciones públicas.
