Isabel de Austria
Isabel de Austria te mira desde un panel no más grande que una hoja de papel, con sus ojos castaños firmes y directos. Antes que nada, fíjate en el cuello: una amplia gorguera de encaje fino que enmarca su rostro como un halo de espuma, destacándose sobre un fondo tan uniformemente negro que nada le hace competencia. Luego baja la mirada por el delantero de su vestido, donde un gran colgante enjoyado pende de unas cadenas sobre una tela de color naranja dorado con motivos de follaje azul grisáceo, y donde las mangas blancas acuchilladas están adornadas con perlas.
Esos detalles hacen mucho. El negro ininterrumpido del fondo elimina cualquier entorno, de modo que el espectador no ve más que a la retratada, su atuendo y su aplomo. Es un retrato concebido para entenderse de un vistazo.
La pintura es obra de François Clouet, quien trabajó como pintor de la corte francesa y siguió de cerca los pasos de su padre, Jean Clouet. Se sabe que sucedió a su padre en el cargo de pintor de la corte, y muchas de las obras que se conservan bajo su nombre se le han atribuido basándose en la tradición y en sus numerosos dibujos, más que en documentos firmados. El panel está pintado al óleo sobre roble y es pequeño, un formato adecuado para un retrato íntimo, como una joya.
François Clouet, conocido también por el apodo de «Janet», heredado de su padre, fue un pintor y miniaturista francés del Renacimiento que sirvió a la corte real, como antes lo había hecho Jean Clouet. Nació en Tours, hijo de Jean Clouet, pintor de la corte de origen neerlandés. Se formó con su padre y siguió de cerca tanto su estilo como su trayectoria: ocupó los cargos de pintor ordinario y ayuda de cámara del rey. Los documentos conservados apuntan a una vida personal discreta. Nunca se casó, tuvo dos hijas ilegítimas que más tarde se hicieron monjas y, en París, vivió en el barrio del Temple, cerca del Hôtel de Guise, bajo el mecenazgo de Claude Gouffier y su esposa, Claude de Baune. Murió en diciembre de 1572, poco después de la matanza de San Bartolomé.
Su impulso parece haber sido una devoción casi científica por el parecido. Continuó con el sobrio y concentrado retrato de su padre, eliminando los detalles superfluos, pero fue más allá: dio a sus dibujos un acabado que los convertía en obras terminadas por derecho propio, y no en simples bocetos preparatorios. Se le atribuyen con certeza algo más de cincuenta dibujos y estos, junto con sus pinturas de Enrique II, Carlos IX, Isabel de Austria y Pierre Quthe, muestran una técnica más libre y brillante que la de su padre, con huellas de Holbein, los venecianos y el manierismo italiano. También trabajó en ceremonias de la corte: tomó la máscara mortuoria de Francisco I y preparó las efigies y los estandartes para los funerales reales.
Su lugar en la historia del arte está asegurado. Es uno de los retratistas más destacados de la Francia del siglo XVI, y sus dibujos contribuyeron a establecer el gusto por coleccionar retratos de la familia real. La fascinación que despertaron sus retratos en el antropólogo Claude Lévi-Strauss, quien se inspiró en ellos para escribir El pensamiento salvaje, da fe de su influencia perdurable.
El material aporta algunos datos concretos sobre este panel. Está catalogado en el Louvre con el número de inventario INV 3254. Su cadena de procedencia va de Roger de Gaignières a Luis XV y, después, a la Corona de Francia. El material también identifica a la modelo como Isabel de Austria (1554-1592), reina de Francia y esposa de Carlos IX. Se dice que el pintor del panel, François Clouet, sucedió a su padre, Jean Clouet, como pintor de la corte; la atribución se basa en una larga tradición y en sus dibujos, no en documentos firmados relativos a esta obra.
Fíjate en lo poco que te pide el panel: una figura de medio cuerpo, ligeramente girada hacia su izquierda, que te mira a los ojos, sobre un fondo negro, oscuro y uniforme, que no ofrece nada más que mirar. La figura ocupa el formato vertical casi hasta los bordes. Lleva el pelo partido por el centro y recogido en bucles a ambos lados, coronado por una banda de perlas y piedras rojas y oscuras. Tiene las manos juntas y apoyadas en la parte baja de la esquina inferior izquierda; dos anillos captan la escasa luz. El corpiño alterna una tela estampada de color oro anaranjado con motivos vegetales gris azulados, y las mangas blancas acuchilladas están adornadas con perlas. El material describe la pintura como lisa y minuciosamente detallada, con un modelado delicado en los tonos pálidos de la carne; es lo máximo que se puede decir de su piel sin aventurarse a adivinar la técnica empleada.
El texto señala que el retrato es una de las obras que causaron una profunda impresión en Claude Lévi-Strauss y que contribuyó a inspirar su teoría del «modelo reducido», la idea de que las obras de arte son modelos en miniatura, expuesta en su libro «El pensamiento salvaje». La entrada de la enciclopedia también califica el retrato de Isabel de Austria del Louvre como quizá la obra maestra de François Clouet.
El material documenta que Catalina de Médici ordenaba y anotaba las colecciones de retratos por familias, y que reunir retratos era un pasatiempo de moda en la corte. Ese detalle te permite ver este pequeño panel como parte de una costumbre más amplia de coleccionar rostros, una curiosidad que no se aborda en los otros recorridos.
Pasó del coleccionista Roger de Gaignières a Luis XV y, después, a la Corona francesa.
Sí, el texto dice que las colecciones de retratos estaban muy de moda en la corte francesa y que Catalina de Médici las ordenaba y anotaba por familias.
